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Los 5 errores comunes al comprar una tarjeta gráfica

01/10/2024
Un joven en una tienda de informatica indeciso entre dos tarjetas gráficas
Índice

    Cuando llega el momento de mejorar tu experiencia de gaming o potenciar tu estación de trabajo con una nueva tarjeta de video, es fácil cometer ciertos errores que pueden resultar costosos. A continuación, analizaremos los cinco errores más comunes que las personas cometen al comprar una tarjeta de video y cómo evitarlos. Y después de elegir la tarjeta gráfica aquí te mostramos como probar el nuevo PC gamer.

    1. No Considerar la Compatibilidad con el Monitor

    El primer error, y quizás el más común, es no asegurarse de que la tarjeta de video sea compatible con el monitor. Imagina que compras una tarjeta de video de alta gama capaz de ofrecer 120 fps (fotogramas por segundo) o más, pero tu monitor solo tiene un refresco de 60 Hz. Estás desperdiciando el potencial de tu tarjeta y tu dinero.

    En vez de sacar provecho de esos 120 fps, tu monitor solo podrá mostrar 60 fps, causando posibles cortes y una experiencia no tan fluida. Por lo tanto, es crucial asegurar que tu monitor y tu tarjeta de video sean compatibles. Para resolverlo, puedes activar la sincronización vertical en los ajustes de tu tarjeta de video para limitar los fps al máximo que soporte tu monitor.

    2. No Investigar los Videojuegos que Quieres Jugar

    Ser específico sobre los videojuegos que planeas jugar te ayudará a elegir la tarjeta de video correcta. No todas las tarjetas de video son necesarias para todos los tipos de juegos. Una investigación previa puede ahorrarte mucho dinero. Por ejemplo, si te interesan juegos que no son muy exigentes, una tarjeta de video menos robusta será suficiente.

    Las nuevas tecnologías como DLSS de Nvidia o FSR de AMD pueden ayudarte a ejecutar juegos pesados en tarjetas de video menos potentes al reescalar la imagen. Es fundamental investigar si los juegos que deseas jugar son compatibles con estas tecnologías para maximizar tu inversión.

    3. Ignorar la Compatibilidad con la Fuente de Poder y el Procesador

    La fuente de poder (PSU) debe ser compatible con la tarjeta de video en términos de capacidad y conectores. Si tu PSU no puede soportar los requisitos de energía de la tarjeta de video, podrías enfrentarte a apagones repentinos o, peor, dañar tu hardware.

    También debes asegurarte de que tu procesador (CPU) pueda manejar la tarjeta de video sin causar un «cuello de botella». Por lo general, procesadores como el Core i5 de Intel de décima generación en adelante o el Ryzen 5 5600x de AMD son buenas opciones para tarjetas gráficas modernas.

    Un informatico arreglando algo dentro de la torre de un ordenador de sobremesa

    4. Subestimar la Disipación de Calor y el Tamaño

    El sistema de enfriamiento de la tarjeta de video es crucial. Tarjetas de video con mayor potencia suelen necesitar más ventiladores para mantener temperaturas operativas seguras. Por ejemplo, una RTX 3060 o superior debería tener al menos dos ventiladores, mientras que tarjetas de video como la 4070 o superiores necesitarán tres.

    Además, debes asegurarte de que la tarjeta de video cabe físicamente en tu gabinete y que tiene una buena circulación de aire para evitar sobrecalentamientos.

    5. Comprar Tarjetas de Video de Generaciones Muy Antiguas

    Comprar tarjetas de video muy antiguas puede parecer una buena manera de ahorrar dinero, pero a menudo carecen de soporte para nuevas tecnologías y pueden no ofrecer el rendimiento que esperas. Si buscas una tarjeta usada, trata de no ir más atrás de la serie 30 de Nvidia o la serie 6000 de AMD.

    Para aquellos con un presupuesto muy ajustado, considerar tarjetas de video usadas de generaciones recientes como la GTX 1660 o la Radeon serie 5000 puede ser una opción viable.